Tanger, Asilah, Chefchaouen, Tetuán. Una ruta para conocer Marruecos

Marruecos, a tan solo 14 kilómetros de Tarifa, es un país en el que disfrutar del contraste cultural de dos culturas absolutamente diferentes. Una de las primeras cosas que llaman la atención es la vida que tienen las calles con cientos, si no miles, de puestos en los que se exponen mercancías de todas clases.

La agricultura en Marruecos, uno de los principales motores de la economía del país, permite al viajero encontrar toda clase de productos naturales y que con sus olores tientan a hacerse con muchos de ellos para disfrutar de una cocina especiada y sabrosa hasta límites insospechados.

Bajar del barco en Tanger es entrar en el otro mundo, un mundo entregado a la naturalidad del ecosistema humano-tierra y en el que no hay lugar para lo superfluo. La franqueza con que se expone el género dan una idea de la transparencia con que se vive donde no hay apariencias. La medina tangerí es una primera etapa de un viaje de algo más de 200 kilómetros que descubre el auténtico Marruecos. En Tanger, además de los productos naturales, teléfonos móviles, mandos a distancia de televisiones, cuadernos de caligrafía árabe… lo nuevo y lo antiguo se fusionan para sorprender a quienes pasean por unas calles que están recibiendo los dineros del Rey de Marruecos para hacerla bella, muy bella.

A escasos 60 kilómetros se encuentra Asilah, con una medina que sorprende por su paz, su sosiego, su limpieza y su orden. La actividad frenética de Asilah se observa extramuros, donde los puestos de comida, las terrazas abiertas exponiendo pinchos y tallines dejan olores que abren el apetito del paseante. Es una diferencia pasmosa ver el contraste entre dentro de la muralla y fuera de ella. El puerto pesquero, de donde se nutren lo bares, restaurantes y puestos de Asilah, es famoso por sus capturas de atún y otras especies que se obtienen no lejos de la costa y donde los métodos de captura tradicionales dejan ver técnicas de pesca antiquísimas.

Chefchaouen es otro salto a un Marruecos igualmente auténtico pero diferente. En plenas montañas del Rif y ubicada en una ladera que la hace estar en pendiente hasta en sus plazas – quizás la impresionante Alcazaba construida por Muley Ismail allá por el siglo XVII sea el único espacio plano – disfruta de una medina cuidada hasta límites insospechados y donde el azul protagoniza paredes, puertas y cuanto se ve. Los puestos y tiendas de los comerciantes, los artesanos y los agricultores, ofrecen productos de una calidad excepcional. Aquí la artesanía tiene un papel fundamental y todo lo obtenido de la tierra es utilizado. El entorno es impresionante y si se es de andar, las caminatas son un atractivo irresistible que contribuyen definitivamente al descanso nocturno de una ciudad que respeta el silencio de su noche como pocos lugares.

Marruecos auténtico Chefchaouen Puesto de dulces con miel

Y de Checfchaouen a Tetuán, una hora escasa a pesar de que solo 60 kilómetros separan estas dos ciudades, nuevos contrastes. Tetuán, una ciudad desde la que se ha venido gobernando el norte marroquí incluso en tiempos no lejanos de colonizaciones extranjeras, preserva mucho de la impronta española. La medina es una de las más auténticas de Marruecos pues por tener una población numerosa no ha debido transformarse a la demanda turística. Las casas de los altos cargos administrativos que tuvieron residencia en ella, hoy son centros culturales o alojamientos que han preservado la esencia de sus promotores. La aún conexión y colaboración existentes entre Andalucía y Tetuán dan como resultado rehabilitaciones e señales de que lo que fue puede seguir siendo y hacerlo, además, armoniosamente.

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