Tarifa, energía por donde mires

No, no se trata de explicar la cantidad de energía que llegan a generar los cientos de molinos que pueblan parte del paisaje de Tarifa, llegando a convertirse en una seña de identidad propia. Se trata de la energía que todos los que son atrapados por el sitio reconocen en algún momento haber recibido.

Molino en Tarifa

La energía que transmite este enclave, unos dicen que se justifica en la proximidad de los continentes, a su vez placas tectónicas diferentes; otros, explican que se debe a la convergencia del Océano Atlántico y el Mar Mediterráneo. Lo cierto es que posar las traseras sobre la fina arena de sus playas y dejarse mecer con el vaivén de la cadencia de las olas, traslada a quien no se detiene en alguno de las decenas de bares o espacios de ocio con que la ciudad cuenta. Es como volver al uno mismo, al feto que, encogido pero seguro, aún respira, come, vive y se protege en el útero materno.
Bendecido con un clima que solo se ve alterado por los vientos que son la fuente de su riqueza, la causa de la no proliferación de edificaciones y la ayuda para el paso de millones de aves migratorias de norte a sur y de sur a norte, Tarifa, olvidada por las administraciones, carece de los accesos que otras ciudades tienen y que han sido los culpables de cercenar el espíritu indómito de sus ancestros dejando a su paso una riqueza efímera y simple de la que Tarifa carece y que esa, y no otra, es su seña de identidad. Ser natural, auténtica, la convierte en la tierra de la libertad, territorio para los que aún no saben que el traje solo es un elemento diferenciador creado por una sociedad interesada en aparentar. En Tarifa no hay lugar para la ostentación porque hasta esta se pudre, se oxida, desaparece.
El enclave de Tarifa no tiene desperdicio. Caminar por las miles de hectáreas de los Parques Naturales que restringen un crecimiento desmesurado, probado modelo desastroso de supuesto crecimiento, permite encontrar joyas ocultas que se resisten a ser catalogadas por organismos que solo bordearían con vallas restrictivas el acceso y olvidarían en anaqueles de miles de letras donde la constricción es lo prioritario.
Las actividades de agricultura, pesca y ganadería que aún se conservan – actividades básicas ya desde los primeros homínidos que poblaron la zona – otorgan una singularidad muy especial en contraste con la creatividad de los miles de foráneos que tomaron la decisión de establecerse en esta tierra bendecida por los dioses de todas las creencias. El resultado, un crisol cultural sin sometimiento a la estrechez de miras de quienes, por someterse a la supuesta ordenada sociedad, asume, seguramente sin pretenderlo, la vanguardia del modelo de sostenibilidad pacífico más eficiente hacia el que el mundo debería ir.
Tarifa, con su viento, con sus playas, con sus miles de hectáreas de espacio protegido, con su ubicación, con su climatología, con sus influencias otorgadas por culturas que han pasado y dejado lo que han dejado durante miles de años, es, sin duda, uno de los lugares más especiales del mundo. Es, sin duda, un lugar con energía lo mires por donde lo mires.

Los comentarios están cerrados.